
Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…
Antonio Machado

La capital mundial del machadismo alberga su propio Parador en una colina que parecería más propia de una leyenda becqueriana, como el cercano Monte de las Ánimas.

Sobre dicha colina, en la curva de ballesta, el Parador domina la ciudad, lo que le vale la calificación de Civia, y permite llegar al centro urbano en muy poco tiempo.

El Parador es muy sobrio y hace pocas concesiones a la estética o el esparcimiento. El edificio es simplemente funcional y ciertamente no es el sitio para buscar un spa o un amplio jardín para tomar un aperitivo. Como nos tiene enseñado Gabinete Caligari en su homenaje soriano, «todo el mundo sabe que es difícil encontrar/en la vida un lugar/donde el tiempo pasa cadencioso sin pensar».
Soria es introspección, y el Parador, también.

Por otra parte, su restaurante sirve unas propuestas con todo el sabor de la zona, por lo que conviene moderar la ingesta de torreznos, casi inevitable en la capital soriana, para aprovechar el Parador. A Castilla, es evidente, también se viene a comer.

Por cierto, haría mal el huésped que se fuera sin echar un vistazo a los restos de la muralla soriana. ¿Qué otro Parador tiene una muralla en su interior?

¿Dónde? En la ciudad de Soria.
Tipo: Civia.
La zona: Perfecto para visitar la ciudad pero también el resto de la provincia (El Burgo de Osma, Gormaz, Medinaceli, Laguna Negra, etc.).
Tiene de especial: La ubicación, en una colina con fabulosas vistas a la ciudad y los alrededores.
Nuestro Parador n.º 39.
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