Parador de Granada: para toda la vida

El Parador de Granada no es un Parador más. Por su enclave, su historia y la significación del lugar, entre otros motivos, está considerado la joya de la corona de Paradores. Pero además de eso, fruto y proyecto de sendas promesas, el Parador de Granada en la Alhambra constituirá uno de los hitos del reto que en Paradoreando recordaremos para siempre.

El claustro del Parador.

Como el rey Alhamar (salvando todas las distancias), emprendimos el viaje a Granada desde Jaén, estancia que ya os comentamos en la entrada anterior. En el trayecto hicimos una parada relámpago en el Centro de interpretación de la Caminería; un lugar instalado en la aldea de La Cerradura, en un tramo abandonado de la antigua carretera Bailén-Motril, donde se exhiben algunos de los hitos que desde época romana han poblado los caminos de España. Una mera curiosidad para muchos, pero sin duda parada obligada para los amantes de las rutas y carreteras como nosotros.

El Centro de interpretación de la Caminería bien merece un alto en el camino.

Llegando a Granada nos maravillan las vistas de Sierra Nevada y, una vez en la ciudad, todo es tan fascinante que uno no sabe a dónde mirar. El complejo monumental de la Alhambra, la Catedral, la Capilla Real, los barrios del Albaicín y del Sacromonte, además de museos como el de Bellas Artes, el dedicado a Manuel de Falla o García Lorca, por no hablar de los cientos de bares de tapas, tabernas y bodegas que pueblan la ciudad… La oferta artística, cultural y patrimonial de la ciudad de Granada es apabullante. Conscientes de que hay tanto que en un fin de semana es imposible verlo todo, decidimos concentrarnos en el Parador y todo el encanto que lo rodea. Que no es poco.

Entrada al Parador, en pleno recinto de la Alhambra.

Enclavado en el recinto de la Alhambra, el Parador ocupa el antiguo convento de San Francisco, construido por orden de los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad sobre los restos de un palacio de nazarí, y primer nombre que recibió el Parador cuando se inauguró en 1945. La biografía del edificio ha sido azarosa y alborotada como lo ha sido la propia historia de Granada, por lo que al edificio y a cómo se convirtió en Parador dedicaremos en detalle una de nuestras próximas entradas.

El Parador conserva toda la nostalgia de su pasado, la mezcla de estilos y ambientes que caracterizan a la Alhambra: los colores ocres sobre el blanco, las flores sobre la piedra, la fragancia de sus jardines… Tiene una sorprendente capacidad de introducirte en su atmósfera, mezcla de lujo y sencillez, a lo que sin duda contribuye el dulce sonido del agua de las fuentes que presiden el claustro y pueblan los jardines.

En el Parador convive su doble alma conventual cristiana…

… y palaciega nazarí.

Además, es un lugar en el que la historia está muy presente. Los Reyes Católicos tienen un protagonismo especial para la ciudad de Granada, y más todavía para su Parador, ya que aquí fueron inhumados provisionalmente los restos mortales de la reina Isabel antes de su traslado a la Capilla Real. Concretamente bajo la qubba, cúpula de mocárabes, con la que cuenta el mirador con vistas al Generalife que tiene el Parador en uno de sus accesos al claustro, y en la que actualmente puede verse una lápida con una inscripción conmemorativa. En el lado izquierdo de acceso hay una capilla, hoy desacralizada, y habitualmente cerrada al público, pero que tuvimos el privilegio de visitar.

Si el tiempo acompaña, la terraza del Parador es un excelente lugar para reponer fuerzas con unas privilegiadas vistas al Palacio del Generalife y al barrio del Albaicín. Además, desde ella se pueden contemplar tanto los restos de unos baños árabes con los que contaba el antiguo palacio nazarí y que afloraron en unas excavaciones arqueológicas a principios del siglo XX, como su jardín botánico, al menos para nosotros uno de los espacios más especiales del Parador.

Tomarse un vino con estas vistas es otra cosa.

Los parterres concentran plantas y flores aromáticas como lavanda, tomillo, romero o albahaca, y también grandes árboles como cipreses, higueras y naranjos. Recorrer el jardín es casi como asistir a una lección de botánica ya que se han dispuesto carteles informativos con los nombres científicos de las distintas especies.

Pero el jardín no es solo otro rincón más del hotel en el que pasear y disfrutar de las visitas, sino también todo un símbolo de la cocina de proximidad. Sus plantas y flores nutren al equipo de cocina del Parador en la elaboración de sus menús, tal y como nos explicó el chef Juan Francisco Castro, con el que tuvimos el placer de charlar en persona. Él mismo nos contó que visita el jardín con frecuencia buscando la materia prima con la que elaborar o decorar sus platos. Otro lujo más.

El jardín botánico del Parador nutre al restaurante de flores, especias y plantas aromáticas.

De hecho, otro de los atractivos del Parador es su gastronomía. Un auténtico must para quien se hospede o decida comer en el restaurante es el menú nazarí. Elaborado ex profeso por el equipo del Parador, este menú pretende evocar (sin reproducir, nos advierten) la comida típica de época nazarí, mezclando sabores de los platos con los que se deleitaban los sultanes de la Alhambra, con la comida popular que se vendía en los zocos o se cocinaba en las casas del Albaicín.

Por supuesto, no pudimos resistirnos al olor de las hierbas aromáticas, y la mezcla de las especias y los sabores dulces de este menú tan original y mimado por el equipo del Parador. Lo que más nos gustó fue el entrante, una sopa harisa (caldo de carne con legumbres y muchas especias) acompañada con un briwat (especie de pasta rellena con carne de ave); y sobre todo el postre, como buenos golosos que somos, un arrope de miel con zalabiyya (similar a un pestiño) y, lo más llamativo de todo, el sorbete elaborado con arrayán de los jardines del Parador.  

Cae la noche en Granada y no hay plan más especial que una visita nocturna a los Palacios Nazaríes. La Alhambra de noche es distinta y tiene un encanto singular; una visita nocturna es el complemento ideal a hospedarse en el Parador. Además, cuando ya íbamos hacia la salida, tuvimos el privilegio de ver cómo los trabajadores del recinto “ponían a dormir” a los leones cubriéndolos con una tela para protegerlos de las bajas temperaturas y las heladas nocturnas.

La Alhambra «la nuit»: lección en directo de conservación preventiva del patrimonio cultural.

La experiencia del Parador de Granada la recordaremos para toda la vida. Y volveremos sin duda.

N. B. Antes de terminar, nos gustaría agradecer muy especialmente a Marian, directora del Parador, y a Néstor, su recepcionista, cómo nos han atendido, lo bien que nos han tratado durante la estancia y cómo han contribuido a que este haya sido para nosotros un lugar tan especial. 

¿Dónde? En Granada.
Tipo: Esentia.
La zona: El Parador se encuentra dentro del recinto de La Alhambra, a escasos metros de la Alcazaba, el Palacio de Carlos V y los Palacios Nazaríes, y con una privilegiada vista al Palacio del Generalife y al barrio del Albaicín. Además, un agradable paseo de unos pocos minutos colina abajo lo separan del centro de la ciudad.
Tiene de especial: ¿Qué no es especial en este Parador? Está considerada la joya de la corona de la red de Paradores.
Nuestro Parador n.º 47.

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