
Teníamos tantas ganas de visitar el Parador como Melilla, la segunda ciudad de España con más modernismo después de Barcelona, dato que, por desgracia, pasa muy desapercibido en el resto del país. Y es que la ciudad ha resultado ser todo un descubrimiento, por esa y otras razones.

Además, Melilla no renuncia a tener un Parador, inaugurado con todo boato en 1973, que celebra ahora su cincuentenario. Desde luego, si algo tiene el Parador de Melilla, son las vistas sobre la ciudad, la costa y el monte Gurugú, al estar situado sobre un cerro al norte de la ciudad. A cambio, la cuesta que lo une con el casco urbano es de impresión.

El Parador melillense es eminentemente funcional, más pensado para una ciudad de estancias cortas (aunque, sinceramente, Melilla merece varios días) que para largas estancias de vacaciones, y eso en una ciudad con una oferta hotelera realmente exigua. El Parador sigue siendo emblemático en ese sentido, ya que además es visible desde muchos puntos de la ciudad.

Aparte de su piscina, que no pudimos probar por no estar aún en temporada, nos ha llamado la atención su restaurante, de planta circular,donde destacan especialidades como el helado de hierbabuena y de cuscús. Tan interesante como estos platos es la vista, que supera a la de cualquier otro restaurante melillense.

Por otra parte, nos permitimos un pequeño excursus para insistir en lo mucho que merece la pena visitar Melilla, esa gran desconocida (tiene aeropuerto, por cierto, con vuelos desde Andalucía, Madrid y Barcelona). No solo por toda la historia que encierran sus doce kilómetros cuadrados, sino porque su situación en la región rifeña es perfecta para visitar lugares tan insólitos como los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas, minúsculos territorios españoles en el norte de África que encabezan el listado de curiosidades geográficas nacionales. Auténticos vestigios de la historia, ambos peñones se pueden ver (que no visitar) en el recorrido desde la ciudad hasta la bahía de Alhucemas, ciudad también con pasado español. Además, desde tiempos recientes, el acceso al peñón de Vélez de la Gomera ha mejorado, ya que antes exigía transitar una larga de pista de tierra hoy convertida en carretera.


¿Dónde? Melilla.
Tipo: Civia.
La zona: el Parador está en el extremo norte de la ciudad autónoma y al lado de los Cortados de Aguadú. Melilla bien merece una visita, pero además es una base perfecta para visitar la región del Rif: Nador, la Mar Chica, Alhucemas o los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas son solo algunas de las posibilidades.
Tiene de especial: claramente, sus vistas sobre la ciudad (y más allá).
Nuestro Parador nº 48.
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