
De camino al Parador de Mojácar, tras haber visitado el de Lorca, nos hemos detenido a visitar lo que queda del antiguo Parador de Nacional de Puerto Lumbreras, en Murcia. El espectáculo es un poco desolador, pero permite hacerse una idea de cómo eran los antiguos Albergues de Carretera, ya que el Parador abrió como tal en la década de 1940, y la estructura original se conserva razonablemente inalterada. Solo por eso, el destino de este inmueble debería ser otro, aunque lamentablemente su suerte recuerda mucho a la de otros albergues y Paradores como el de Bailén.

La historia del primitivo Albergue comienza en 1929. Como explica Mª José Rodríguez en su imprescindible libro sobre los orígenes de la red (La red de Paradores. Arquitectura e historia del turismo 1911-1951), en marzo de ese año fue elegido el terreno sobre el que se levanta el edificio, en las cercanías de Lorca, en la carretera entre Murcia y Granada. Aunque se concluyó relativamente rápido, su inauguración no tuvo lugar hasta después de la Guerra Civil, el 13 de diciembre de 1946. Fue, por cierto, el último de los albergues diseñados por Arniches y Domínguez en ser inaugurado, si dejamos a salvo el de Triste (Huesca), construido pero jamás inaugurado.


El Parador que queda hoy en día, considerablemente más grande que el Albergue de Carretera primigenio, es fruto de las ampliaciones acometidas por el célebre arquitecto Manuel Sainz de Vicuña, primero en la década de 1960, y luego en la década de 1980, reforma esta que agrega el bloque de tres pisos que domina todo el conjunto.




La baja ocupación parece haber sido la causa del cierre, aunque la puntilla, sin duda, fue la inauguración del cercano Parador de Lorca en 2012, un espectacular hotel con el que el de Puerto Lumbreras no podría ni remotamente competir.







En cualquier caso, el Parador de Puerto Lumbreras nunca perdió un cierto carácter de Albergue, tal y como fueron concebidos estos establecimientos; por arquitectura, que nunca sufrió grandes cambios (incluso el edificio nuevo sigue el mismo patrón), y por su situación entre dos vías de comunicación tan importantes como las que unen Murcia con el sur. Esto, que para un albergue es una ventaja, para un hotel con aspiraciones es una desventaja clara. A comienzos del siglo XXI, la baja ocupación del Parador ya lo había sentenciado.







Tras haber sido desafectado de la red a su cierre, el Parador pasó a manos municipales. Nunca se llegaron a materializar los proyectos para dar al inmueble un nuevo uso, y ahora parece que el Estado lo reclama de nuevo al ayuntamiento de Puerto Lumbreras en medio de todo tipo de desavenencias. Desgraciadamente, lo único claro es que languidece lo que es una reseñable obra arquitectónica, ya que el Parador de Puerto Lumbreras conserva la estructura original de esa joya que son los Albergues diseñados por Arniches y Domínguez y que algún día valoraremos como deberíamos. Ojalá algún día su futuro sea más claro. A día de hoy se puede apreciar el original porche en pico, la exedra del restaurante e incluso la entrada diseñada para unos automóviles que hace años pasan de largo.

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